La mayoría de las facturas de luz en España pagan más potencia de la que el suministro llega a usar. No es un error de la comercializadora: es que la potencia se contrató una vez, hace años, y nadie la volvió a mirar. Ese exceso se paga todos los días del año, se consuma o no.
Qué es exactamente la potencia contratada
En una factura eléctrica hay dos grandes bloques. Uno es la energía: los kWh que consumes. El otro es la potencia: la capacidad máxima que tienes reservada, medida en kW, y que pagas por día tengas o no actividad.
La analogía útil es la de una tubería. La energía es el agua que sale; la potencia es el grosor de la tubería. Si contrataste una tubería para llenar una piscina pero solo llenas un vaso, pagas ese grosor igualmente, cada día del año.
Por qué casi todo el mundo tiene más de la que necesita
Se repiten tres situaciones. La potencia se fijó al dar de alta el local y el negocio cambió después. Se contrató «con margen» por miedo a que saltara el diferencial. O se heredó del inquilino anterior sin revisarla.
Desde la entrada de la tarifa 2.0TD y 3.0TD hay además varios periodos de potencia —hasta seis en el caso de las 3.0TD— y cada uno puede tener un valor distinto. Es una oportunidad de ajuste fino, pero también una fuente de errores: mucha gente puso el mismo número en todos los periodos porque era lo más rápido.
Cómo se calcula bien: los datos del SIPS
Aquí está la diferencia entre adivinar y optimizar. El SIPS (Sistema de Información de Puntos de Suministro) es el registro oficial que guarda el histórico de consumo de cada CUPS. Con acceso a él se puede ver, hora a hora y periodo a periodo, cuál fue la potencia máxima realmente demandada durante los últimos meses.
Con ese histórico el cálculo deja de ser una opinión. Se busca el valor mínimo que cubre los picos reales de cada periodo, dejando un margen de seguridad, y se ajusta periodo a periodo en lugar de aplicar un número único.
Hay un matiz que conviene entender: pasarse de ajuste sale caro. Si la potencia demandada supera la contratada, aparecen los excesos de potencia, que se penalizan y pueden comerse el ahorro de varios meses. Por eso el cálculo tiene que apoyarse en el histórico completo, no en la factura de un mes suelto.
Cuánto se ahorra
En los casos donde hay margen real de ajuste, la reducción del término de potencia suele moverse entre el 15% y el 35%. Sobre el total de la factura el impacto depende del peso que tenga la potencia: en un consumo doméstico bajo puede ser modesto, mientras que en un local con mucha potencia contratada y poca actividad puede ser la partida más grande de ahorro disponible.
Lo relevante es que es un ahorro estructural: no depende del precio del mercado ni de cambiar de hábitos. Se ajusta una vez y se cobra cada mes.
Optimizar potencia no es cambiar de tarifa
Se confunden a menudo y son cosas distintas, y compatibles. Cambiar de tarifa mejora el precio de lo que consumes. Optimizar la potencia reduce lo que pagas por estar conectado. Se pueden hacer las dos, y el efecto se suma.
De hecho, una comparativa que solo mire el precio del kWh está dejando fuera una parte del ahorro. Es la razón por la que dos ofertas con el mismo precio de energía pueden acabar en facturas muy distintas.
Qué hace falta para hacerlo
Tres cosas: el CUPS del suministro, acceso al histórico del SIPS y un cálculo que respete los márgenes de seguridad de cada periodo. Con eso se sabe si hay recorrido o no antes de tocar nada, y el cambio de potencia se tramita sin corte de suministro.
Si quieres verlo con un suministro real, puedes probar la herramienta de optimización de potencia introduciendo un CUPS, o escribirnos y lo revisamos contigo.